Con lo que me quedo

“Son los momentos en los que sientes el pulso de la vida en tu piel. No importa si es de día o de noche, si hace frío o calor. Lo único que cuenta es que te sientes protagonista de una historia fugaz y al mismo tiempo eterna”.

Al escribir solo pienso que desearía ser como una computadora que almacena datos, horas, palabras precisas, imágenes, carpetas, archivos y la exactitud de lo realizado. Sin embargo, solo tengo una mente que fija vivencias e instantes cargados de sensaciones, palabras, olores, gestos, sabores, sentimientos y hasta creencias.

Este es el momento en el que escribo una de las historias más puras de amor que he tenido, desde la madurez de pensamiento y reconstrucción de mí. El alma de Italia necesita paz, equilibro, perdón, reconocimiento y agradecimiento, porque durante algunos días se inundó de preguntas tras una separación —obligada o no— que, hasta ahora, no tienen todas las respuestas necesarias y como lo he leído o escuchado, solo el tiempo dirá para qué ocurrió; entonces, ahí las encontraré.

2020 ha sido el mejor año de mi existencia, me permitió ir hacia dentro, revalorar la misión de vida, aprender de la compasión, del respeto, tolerancia, paciencia y prudencia. Me ha traído a grandes maestros, entre ellos a Miguel Ángel, como el artista más famoso del mundo.

Y es que Miguel Ángel, sin saberlo, fue mi referente de compartir, de entrega, compañerismo, constancia, respeto, admiración. ¿Por qué? Porque, así como el italiano, fue el escultor del alma, cinceló las piedras del camino para convertirlas en monumentos de aprendizaje; el arquitecto, porque trazó retos, diseñó algunos de sus sueños; el pintor, porque iluminó mi alma de paz y calma, llenó de colores mis sonrisas, mis días, mis pensamientos, sueños, deseos. Transformó el alma de Italia para ser mejor día a día en la versión más honesta, pura y entregada. No obstante, todo cumple un ciclo, el mío con él tiene esa pausa necesaria. En el fondo aún no la deseo, porque soy de esas que guardan esperanza, que luchan, jalan, esperan, pero si no existe respuesta a las incógnitas como: ¿En qué momento cambió todo? ¿Qué existió en el fondo para que todo se transformara?, ¿es tan difícil enfrentar, ser claro y hablar en honestidad? No más dudas. Llegó la hora de agradecer, aprender y avanzar, desde, por, con y en el amor.

Y hoy renuncio. Renuncio a guardar dudas, miedos, incertidumbres ante algo que sé no merezco. Renuncio al dolor de no obtener una respuesta ante eso que nos hizo transformar una relación de dos que, desde hace mucho, creo que en ésta siempre estará mi verdad, tu verdad y la verdad. Hoy escribo la mía y para llegar a esa reflexión hay que atravesar el duelo y con ello me rencuentre con un verdadero YO. Esta es mi parte: la aceptación.

La renuncia es parte del proceso de la vida. Es hora de soltar. A veces, soltar no es necesariamente un sacrificio ni un adiós, sino más bien un gracias por todo lo aprendido. Estas letras tienen ese sentido, agradecer por lo que fue y lo que no, por sostener esa memoria que, aunque no de computadora, es perfecta en sus sensaciones, recuerdos, emociones y sentimientos. No importa el tiempo, no importa la distancia, los reencuentros… Importa lo que se ha quedado. Hay que dejar ir todo para descansar, para poder seguir y dormir; pero sobretodo, para despertar con ganas de hacer algo nuevo.

 Y como en toda renuncia siempre queda un finiquito, ¿sabes con qué me quedo?

Me quedo con una profunda aceptación a los procesos para soltar. A veces cuesta trabajo, pero lo mejor es identificarlos y hacer algo para ello. No una acción inmediata, a veces hacer nada también es hacer algo.

Me quedo con las espirales de pensamiento que llegan para encajar en la congruencia, éstas me permiten analizar algo que ya había vivido y cómo lo vivo ahora, están para tocar un punto en el que puedo inspirarme nuevamente.

Me quedo con los acompañamientos para el crecimiento y entendimiento.

Me quedo con la experiencia de haber comunicado, no sé si con las palabras adecuadas, pero sí con aquellas llenas de amor, reconocimiento y entrega. 

Me quedo con la enseñanza de saber que la pareja es una evaluación del amor propio.

Me quedo con la responsabilidad de mis actos para transformar y ser mejor ante la empatía, la escucha, el respeto y la tolerancia.

Me quedo con la fortuna de saber que a esta relación no llegué desde la carencia, sino con toda la plenitud de amar solo para compartir, no buscando el amor desde un lugar de necesidad, sino desde el amor propio, verdadero, auténtico y con todo aquello que es un ser humano.

Me quedo con el conocimiento de saber que nada y nadie nos pertenece, más que nuestra propia trascendencia.

Me quedo con la aceptación que me hace saber que ante cualquier muerte viene un nacimiento, una vida. Todo necesita morir para renacer: las hojas, los animales… soltar, como los árboles sueltan sus hojas: con gracia, con humildad, con aceptación.

Me quedo con la parte de la filosofía budista y su concepto de felicidad que ésta no es más que un estado mental de calma y bienestar. Así pues, atiende con sosiego y sabiduría todo aquello que me envuelve para intuir qué me ofrece serenidad y qué ruido, qué y quién nutre mi alma con respeto y qué o quién me trae tempestades en días despejados.

Me quedo con la fortuna de haberte conocido, porque nunca olvidaré ese día, desde ahí fui feliz de una forma diferente, supe que en cualquier circunstancia te querría, cuidaría, acompañaría, respetaría y agradecería. Me quedo con las risas compartidas, aquella primera vez en que carcajeamos por una espinaca en mi sonrisa, los mensajes de texto, los abrazos, las palabras honestas en el reconocimiento, las llamadas telefónicas que deseaba nunca terminaran, las sorpresas, los detalles, las canciones no compartidas, la forma mágica de darme los buenos días y abrazarnos a la distancia por las noches. La canción que me hace saber que soy la cándida niña. Me quedo con nuestra caminata por mi lugar favorito de la ciudad. Me quedo con la forma en que disfrutabas la comida que preparé con amor. Me quedo con los argumentos dados para transformar mi manera de ver el significado de la palabra éxito. Me quedo con el hombre que le dio voz al texto que me impulsó a creer en más sueños, tal como Walt Disney lo expresó. Me quedo con el reconocimiento de haber entregado sin miedo, sin dudas, sin pretensiones. Me quedo con el que me enseña a fortalecer el pensamiento con acciones positivas. Me quedo con esa mirada profunda, a veces vacía, a veces llena de sueños o dudas. Me quedo con el hombre que me abrazó bajo la luna.  Me quedo con esos besos que transformaron mi sonrisa. Me quedo con esos gestos al oler un cerillo apagado. Me quedo con las tardes y noches de pláticas mientras compartíamos un cigarro. Me quedo con esas veces en las que no solo unimos cuerpos; sino que entregué en confianza, plenitud y fe el alma. Me quedo con lo mejor de nosotros en unión, porque creo profundamente que el Universo para algo nos hizo coincidir. Me quedo con ese café recién preparado, con una de azúcar por una de crema, para disfrutar una tarde de plática. Me quedo con las tardes de comidas compartidas. Me quedo con la satisfacción de haber creído en ti como ser imperfecto que sabe reconstruirse. Me quedo con la tranquilidad de saber que di hasta donde fue permitido, no porque no quisiera; sino por el respeto que mereces. Me quedo con el agrado de saber que sí soy capaz de jalar, empujar y esperar por un compañero en cualquier circunstancia.  Me quedo con las preguntas que no te puedo hacer de frente, porque las respuestas también están en el silencio, la indiferencia, intuición, experiencia, compasión, determinaciones. No todo debe ser escrito, hablado o escuchado. Me quedo con el mensaje de una playera “Vive y aprende”, con el deseo de recibir una sorpresa tuya plasmada en un diseño que sé tanto me hubiera encantado. Me quedo con esta versión de ti desde mi mirada, desde mis ojos, de esa forma en que te veo solo en el amor y trato honesto. Me quedo con el hombre lleno de cultura visual, musical, cinematográfica que para todo tiene la precisión de datos.  Me quedo con las tardes de series o películas abrazados en mi cama, también tuya.  Me quedo con esa forma sutil de enseñarme a respetar a los gatos. Me quedo con esos momentos en los que juro fuimos infinitos. Me quedo con el hombre que además tiene adversidades y sabe enfrentarlas a su ritmo, tiempo, paso. Me quedo con el niño pequeño al que no se le concedió lo que necesitaba, porque muchas veces, los niños no saben cómo pedir lo que quieren, esto llega, quizás, hasta que un adulto o alguien con experiencia le enseña a que eso ocurra. Otros quizá solo aprenderán con las funciones que les han servido a lo largo de una existencia.

Me quedo con todo lo bueno de tu esencia, porque no deseo, ni quiero, recordarte como una parte dolorosa de un proceso; sino como eso mágico que hay en ti. Deseo que algún día ese hombre comprenda lo que pronuncié          —como Frida a Diego— “Si yo pudiera darte una cosa en la vida, me gustaría darte la capacidad de verte a ti mismo a través de mis ojos. Sólo entonces te darás cuenta de lo especial que eres para mí”, porque entonces habrás comprendido a abrirte y aceptar el amor desde la honestidad, sin miedo al abandono.  Me quedo con esta historia que me hace saber que merecemos a alguien que comprenda lo raro que somos.

Pero con quien realmente me quedo es con una mujer capaz de resolverse la vida, que cree en milagros, mi logro, que deja ir para dejar entrar, que se deshace de ilusiones para abrirse a la libertad; me quedo es con esa Alma de Italia que se abraza, disfruta, ama y respeta.

Me quedo con el momento perfecto: hoy.

Published by Alma Italia

Responsable de la mujer de cuatro décadas. Misión: Construir en la vida propia y en los cercanos. Visión: Consolidar cada reto como una nueva experiencia. Valores: Amor, gratitud, responsabilidad, libertad, confianza, entrega, solidaridad, autonomía, humanismo, sinceridad, verdad, igualdad, valentía, paz, armonía, lealtad.

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